martes, 3 de mayo de 2016

La crisis de los 3 años

Tenía que pasar. Noah hace un mes cumplió los 3 años y de repente como por arte de magia parece que el bebé que iba siempre de mi mano ya no le apetece ser bebé y su manera de reafirmarse es haciendome la puñeta.
La crisis de los 3 años es normal, todos los niños pasan por ella, pero la nuestra se está haciendo interminable.

Este año es uno de los de mayor significación en el desarrollo del niño y la niña en esta etapa inicial de la vida, ya que en el mismo se suceden importantes cambios que se suceden de manera vertiginosa, y que hacen que el tránsito por este período resulte de una singular dificultad para los padres en la educación de sus hijos.
El hecho más característico radica en que el comportamiento de los niños y niñas, que hasta ese momento era bastante tranquilo y manejable, se vuelve de pronto muy difícil de controlar, con frecuentes demostraciones de oposición, terquedad y rechazo a obedecer o hacer las cosas como se les imponen. En algunos niños y niñas incluso esto ya ha comenzado en los finales del año de vida anterior, pero aún así, es en este donde este comportamiento se hace más resaltante y significativo.
 La crisis se caracteriza fundamentalmente porque los niños y niñas se vuelven rebeldes y caprichosos, se niegan a obedecer, quieren hacer todo por sí mismos,
se muestran voluntariosos y renuentes a hacer las cosas como antes. En el plano emocional se observan irritables, majaderos, en ocasiones agresivos. Sin embargo, se destaca que este comportamiento se da solamente con los adultos, pues con los otros niños y niñas las relaciones se mantienen buenas y cordiales.

Aunque sé que esto tenía que pasar no puedo evitar sentirme triste y culpable. No sé hasta que punto estoy manejando bien la situación y a ratos me siento una madre pésima. 
También sé que ahora todo es complicado para él y más desde que nació Adam. Antes era toda suya y ahora hay que compartir..a veces con su mirada me habla y me dice que no está del todo conforme.
Quiero que pase todo esto de una vez, es agotador, muy agotador. 
Bajar a la calle es una aventura o más bien una tortura, porque cuando digo de subir a casa me monta unos pollos que pa qué. Y no es tan fácil como cogerlo y subir a casa,tiene una fuerza descomunal (y yo soy una floja) así que desde que digo de subir hasta que finalmente llegamos arriba pueden pasar 45 minutos tranquilamente.
En fin, paciencia y cariño, paciencia y cariño..confío en él y sé que saldremos de esta con éxito. Aunque unas vacaciones en el tibet tampoco estaría nada mal eh?



Me da igual si sí o si no, yo controlo la partida
pero con tus ojos no, en ellos dejé la vida
y si los pierdo de vista, ¿dónde vivo yo?
si dejé mi habitación en tus pupilas.

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