domingo, 24 de agosto de 2014

Agosto y sus cosas

Un día encendí el ordenador y decidí que ya no quería escribir más, ni siquiera para mi. Algo muy de esperar ya que como muchos sabéis, a veces, mi vida gira entorno de impulsos
Hoy he encendido el ordenador y me he dicho: eH, voy a escribir algo en el blog. ¿Porque no??

La verdad, hace tanto que no escribo aquí que tengo la sensación de que lo hago por primera vez. Es una sensación un poco ridícula a la par que bonita. Me acuerdo que de pequeña me encantaba escribir, me pasaba el día escribiendo cuentos sobre árboles que hablaban y otras historias que ya no recuerdo bien. No sé en que momento dejé de hacerlo y porque lo hice, igual porque pensé que contar historias era algo de niña pequeña y yo ansiaba sentirme como una adulta.

¡Qué paradoja! Hace 15 años me pasaba el 50% de mi tiempo pensando en como sería mi vida ahora, soñando ser autónoma, jugando a ser mamá e imitando a los adultos de mi alrededor. Y ahora me paso el 50% de mi tiempo ansiando volver a ser una niña, sin complejos, complicaciones  y responsabilidades.
Hay días que jugando con Noah viajo en el tiempo y vuelvo a sentirme así, tan viva y despreocupada que me asusto.

Me encanta estar con mi hijo a tiempo completo. Hay días que me quejo, mucho, porque es algo muy agotador.Y ya no me refiero el estar todo el día con él. Esté donde esté, este hijo mío absorbe el 90% de mi cerebro.  En San Fermines lo dejé un día entero con mi madre y llegué a casa reventada de tanto pensar él.
Esto de ser madre es como ir al gimnasio, acabas hecha mierda, con agujetas y ganas de dormir, pero con una sonrisa en la cara por haber logrado hacer todos tus ejercicios. Y oye, que tipíto se me está quedando.